martes, 31 de julio de 2007

NORIEGA Y GARCÍA: CUENTAS PENDIENTES



Cuando Alan García entró por primera vez a palacio de gobierno en 1985 declaró que no tenía más bienes que el reloj pulsera que portaba.


Cuando acabó dicho mandato (1990) y con el país en ruinas, García tenía fondos por más de cincuenta millones de dólares, aparte de sus diversos inmuebles, en Lima y en París.


Se nombró una Comisión Investigadora encargada de hacer las pesquisas necesarias para confirmar los cargos de enriquecimiento ilícito.


Los miembros de esta comisión, Fernando Olivera, Rafael Rey y Ántero Flores-Aráoz señalaron que existían indicios de posesión de fondos por más de cincuenta millones de dólares y se pronunciaron a favor de que el poder judicial solicite el levantamiento del secreto bancario en varias entidades con sede en Estados Unidos.


Sin embargo, en el Congreso, prestaron su rechazo a la acusación algunos grupos de izquierda, al parecer vinculados a políticos sandinistas, amigos de García. También favorecieron a García los congresistas fujimoristas, que tuvieron una victoria electoral gracias al apoyo del APRA.


Una de las acusaciones más graves que tenía que responder Alan García era la referida a su vinculación con Manuel Antonio Noriega, ex mandatario panameño, a quien García condecorara cuando ambos eran jefes de sus respectivos países y cuando se sabía que Noriega estaba implicado en el tráfico de las drogas.


Noriega fue capturado por las propias fuerzas estadounidenses que antes lo protegían, en 1989, después de la invasión a Panamá, y fue confinado en una prisión de Florida bajo cargos de permitir que los traficantes colombianos utilizaran a ese país como ruta para el envío de drogas a Estados Unidos. Las muertes y su enriquecimiento ilícito son temas que el pueblo panameño todavía no ha olvidado.


Han pasado 17 años, Alan García nuevamente es presidente del Perú, los miembros de la comisión que lo investigaron ahora trabajan para él (Rey es ministro de la Producción- Flores-Aráoz es nuestro representante ante la OEA), otra vez se perpetra una alianza entre el Apra y el fujimorismo y Manuel Noriega está a punto de salir de prisión.


Pero, el gobierno de Francia quiere encarcelar también a Noriega por haber canalizado además unos 15 millones de francos, entre 1988 y 1989, a una cuenta en territorio francés y por haber usado parte de los recursos panameños para comprar tres apartamentos en París (dos más que García).


Esperaremos hasta septiembre a ver qué pasa cuando Noriega salga libre. Han pasado muchísmos años y muchísimas cosas han ocurrido también. García, por ejemplo, ya no tiene el reloj pulsera que declaró tener en 1985.

viernes, 27 de julio de 2007

EL REGRESO DEL PADRINO





Casi había terminado de leer las malas noticias del diario, cuando sonó el teléfono.

- Alo?, respondió.
Aló ¿padrino?.
- Hola muchacho loco.
Qué ha sido de su vida?. Ayer en la noche tú lo llamaste a Agustín ¿no?
- Claro pues, para preguntarle cómo era lo del aeropuerto.
Yo estaba allí con él, pues.
- Ya.
Ya te comentaré después.
- Pero cuenta pe huevas (…)

A Luis le gustaba estar al tanto de todo, no en vano había operado como agente de la CIA durante el gobierno de Velasco Alvarado. No ostentaba estudio o experiencia alguna, pero había sido ministro de relaciones exteriores, en los años ochenta.
Velasco, su cuñado, lo había nombrado, años atrás, como director en una veintena de instituciones estatales. Llegó a su punto culminante cuando fue colocado en el directorio del Instituto Peruano de Seguridad Social y, posteriormente, cuando fue designado director del diario estatizado La Crónica, la que dedicó muchas de sus ediciones a ensalzar sus propias “capacidades”.

Por su parte, a Óscar le encantaba ser su intermediario y correr con los chismes de un lado para otro. Y Lima estaba llena de chismes, fugas, rumores, susurros y murmullos. Lima, en ese momento, era una enorme platea a la espera de un nuevo video producido en el mismo Servicio de Inteligencia Nacional, por el propio Vladimiro Montesinos.

Las noticias no eran alentadoras y la preocupación era evidente.

- Oye dicen que han agarrado a Malca?, preguntó Luis.
Dicen, pero, ¿será verdad?
- En México. (…) Oye tú no estarás en ningún video?, déjate de huevadas.
No, por Dios que no, juró Óscar.
- Puta, de repente en el video, dices yo he venido a ofrecer los servicios del doctor Gonzales?.
No creo.
- Oye, fuera de broma, ¿no estarás en ningún video?
Felizmente que no.
- ¿Lo has chequeado?
Sí, yo creo que no.
- Puta madre.

Óscar estaba seguro que al general, su suegro en esos momentos, no lo iban a encontrar. Ni a él ni a los cuatro millones y medio de dólares que según él, tenía bajo el colchón desde 1996 como adelanto de una supuesta herencia, ni a los otros diez millones de verdes depositados en sendos paraísos financieros del Caribe. Su suegro, el general Malca Villanueva, ya estaba fuera del país, a salvo.

Pero Luis seguía intranquilo, estaba cabezón, y no era para menos. En los años de la tiranía fujimorista, Luis había tenido especiales atenciones y seguridad reforzada, ordenadas por el propio Vladimiro Montesinos, actual inquilino de la base naval del Callao. Durante el régimen del cholo Toledo, se mantuvo discretamente callado, silencioso. Tuvo que volverse el hombre invisible y pasar desapercibido.

Óscar no tuvo tanta suerte y terminó en prisión. Cuando en febrero de 2001 surgió la noticia de que habían sido incautados unos equipos de chuponeo en el local de la empresa Ransa en El Callao, su nombre apareció como la clave alrededor de la cual giraba el hallazgo. No era una apreciación equivocada. Óscar era alguien muy allegado a Vladimiro Montesinos y además tenía una compleja red de relaciones políticas y empresariales. Como asesor parlamentario, había tejido un entramado en el que aparecían los nombres de su padrino Luis, de su amiga Meche Cabanillas, Miguel Ángel Mufarech, Rafael Rey, Jorge Polack, José Cevasco, entre otros.

Óscar, otrora poderoso operador de la mafia, logró escapar. Sin embargo al año siguiente, fue capturado en Estados Unidos, por autoridades estadounidenses de inmigración. Había pedido asilo, pero le fue negado y fue trasladado, sin escalas, al penal para reos primarios de San Jorge.

El partido político de Luis regresó al poder el año pasado. Su ahijado en tanto, salió en libertad y poco tiempo después, fue fotografiado almorzando en el exclusivo restaurante “fiesta”, con dos militares, un oscuro candidato al Tribunal Constitucional y con Agustín, quien luego de cinco años en prisión también dejó la cárcel.

Óscar enciende la televisión. El reportero señala el tablero electrónico. La transacción ya se había realizado. Los votos ya se habían comprado y vendido, como los cachivaches que se venden en la avenida Abancay. Como la chanfainita o el ceviche en bolsa. Como las putas en la esquina. El aprismo, el fujimorismo y algunos tránsfugas asquerosos de UPP, cantan al unísono, la marsellesa. Son 66 votos frente a los 49 de la lista de oposición, confirma el afanoso reportero.

A pesar de que el resultado estaba cantado, Óscar salta de alegría. No es para menos, su padrino, es el nuevo presidente del Congreso de la República. La prensa lo entrevista y Luis, circunspecto, se acomoda la corbata y promete firmeza ante casos de congresistas corruptos. Óscar, desde su sillón, se caga de risa. Felices fiestas patrias, grita.

En la base naval se abre un champancito, hermanito.